¿Por qué el canto del tecolote es de mal agüero en México?

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Esta es una historia de brujos, nahuales, penes sangrantes, huesos, almas y otras cosas de sustos que ha recuperado la antropología mexicana.

 

En México dicta un refrán que “cuando el tecolote canta, el indio muere”. Dejando de lado el posterior significado racista que se le dio al verso, la creencia de que estas aves rapaces anuncian la muerte y las desgracias están muy extendidas en las culturas que tienen raíces mesoamericanas, como El Salvador, Guatemala, Honduras y México.

Es verdad que no somos la única cultura que considera que estas aves nocturnas están relacionados con el misterio y lo sobrenatural, pero sí tenemos particularidades que no compartimos. Por ejemplo, para hablar de los tecolotes (Strix occidentalis) y su relación con el mal agüero en México, primero tenemos que conocer la forma en la que los pueblos originarios de América concebían el cuerpo humano y la forma en la que funcionaban.

Disculpe, ¿tiene unos minutos para hablar del México prehispánico?

En muchas de las culturas prehispánicas se tenía la certeza de que el cuerpo humano estaba hecho con una base de tierra o algo que había nacido debajo de ella, como se ejemplifica en la “Leyenda de los Soles” que aparece en el Códice Chimalpopoca, donde se habla como los “huesos preciosos” con los que fue edificada la humanidad fueros rescatados (por no decir robados) del inframundo por Quetzalcóatl y su gemelo Xólotl después de pasar por varias peripecias de las que hablaremos más adelante.

Mictlantecuhtli y Quetzalcoatl, como aparecen en el Códice Borgia
Mictlantecuhtli y Quetzalcóatl, como aparecen en el Códice Borgia.

Quetzalcóatl lleva los huesos rotos a Quilaztli (Cihuacóatl), quien le ayudó a moler los huesos junto con tierra, en los que la “serpiente emplumada” se sangró el miembro. De esta sanguinolenta pasta fuimos formados los macehuales. (Si eres menor de edad y estás leyendo esto, así más o menos nacen los bebés.)

Así fue formado el cuerpo, pero lo que lo hace moverse no es la voluntad divina, sino el calor que nace del corazón (que es la unidad mínima del cuerpo y que a veces es maíz y otras, tuna). Ese “calor” corporal que aporta al hombre la energía necesaria para actuar se llama tonalli, y aunque es muy parecido al concepto de “alma”, es mucho más que eso porque también es parte de la energía divina. Algunos pueblos, como los nahuas de la Huasteca, afirman que esa energía deriva del Sol.

El tonalli está ligado el destino de la persona, su nombre, características personales, suerte, etcétera. Todos los seres vivos tienen uno, los muertos no. Todo se mueve gracias a él. Aunado a esta sustancia calórica que nos mueve y da vida, los humanos del México antiguo nacían con una entidad compañera que podía ser telúrica, climática, vegetal u animal a la que se le define como nahualli y que hoy se conoce como nahual.

Mictlantecuhtli (der.) y un Tlacatecólotl (izq.) en el Códice Borgia.

¿Qué es un nahual?

Para fines prácticos diremos que un nahual es aquél ser espiritual en el que puede convertirse una persona con conocimientos ancestrales (como los brujos). Aunque esa definición se queda muy, muy corta.

Definir el significado de nahualli es tan difícil y misterioso como la comprobación de su existencia. Algunos lingüistas lo traducen como “abrazarse a sí mismo”, “lo que tengo en mi superficie, en mi piel o a mi alrededor”, y otros más como “secreto”.

Nahuales descritos en el Códice Borgia.

Para ejemplificar que es un nahual nos remitiremos nuevamente a la leyenda de los soles y la creación de los macehuales de la que hablamos anteriormente. En la narración el nahual de Quetzalcóatl, Xólotl, tienen un papel primordial, no sólo porque ayuda al héroe a sortear los obstáculos, sino porque también le sirve de consejero. Cuando Quetzalcóatl se fractura los huesos (accidentalmente) comienza a llorar y le pregunta a su compañero “¿Oh mi nahualli qué pasará?”. A lo cual el nahualli responde “¡Cómo ha de ser! Se han arruinado. Déjalos así”.

En este mito, queda demostrado que el nahual no es un humano por el simple hecho de que la humanidad no ha sido creada aún.

En la tradición está escrito que Xólotl podía tomar forma de ajolote, maíz, xoloitzcuintle y maguey; pero no era el único nahual que habitaba entre los dioses. Por ejemplo, Huitzilopochtli tenía a Xiuhcóatl, que era una arma. Esta arma la usó para vencer a los Cuatrocientos Guerreros del Sur, épica que se narra en el Códice Florentino.

Nahuales representados en el Códice Florentino. En la primera figura (arriba) un hombre que se convierte en perro.

Al igual que con el tonalli, todos, absolutamente todos los seres humanos, tienen un nagual; pero no todos tienen la capacidad de llamarlo. La tradición del nahualismo sobrevivió a la conquista y la inquisición y, aunque fue mutando con el sincretismo, aún es una de las creencias más extendidas entre los pueblos originarios del continente americano.

En su tratado El Nahualismo, Roberto Martínez González recupera pruebas de que actualmente entre los otomíes, los zapotecos, los tzeltales, los quichés, los mixes, los chinantecos, los mixtecos y los lencas existe la creencia de que “que sus entidades compañeras pueden combatir contra los símiles de sus enemigos, ya sea para protegerlos o para arreglar algún altercado que se hubiera presentado entre los humanos”. Es decir, que generalmente el nahualli es benéfico para la comunidad en la que se desenvuelve, pero debido a su condición humana, también existen nahuales que hacen el mal.

Coyotl inahual en el Códice Florentino.

Tezcatlipoca, el tecolote y los malos nahuales

Los antiguos mexicanos consideraban que el tonalli era algo que se debía conservar lo más puro posible.

Para conservarlo “en buen estado” era necesario que el individuo honrara a la deidad tutelar de su fecha de nacimiento y respetar las normas morales, de lo contrario todo se corrompería y se caería, por llamarlo de alguna forma, en el “lado oscuro del tonalli”,como le refirieron a Sahagún sus informantes:

“Si se volvía ruin y no seguía las normas, no tenía éxito en nada, sus propios actos terminaban por destruirlo, detestándose, traía el dolor a sí mismo; fracasado, perdido por su propia negligencia, se rendía y lastimaba lo que podría haber sido su suerte, su premio y su destino. Entonces ensombrecía, ensuciaba y arruinaba por la inmoralidad su derecho de nacimiento (es decir su tonalli).”

En el México precolombino no existía el concepto de infierno ni de diablo (eso vino con los españoles), así que, conceptualmente, no existía un personaje encargado de castigar a los “pecadores” (aunque sí tenían su castigo). Pero eso no significa que no existiera un villano que los hiciera padecer, que les infundiera temor a los que se portaran mal, a los trasnochadores. Ese ser era Tezcatlipoca.

Códice Florentino, gente rogando a Tezcatlipoca
Códice Florentino, gente rogando a Tezcatlipoca.

Su nombre significa “espejo negro que humea”, debido a que en lugar de pie derecho tiene un espejo en el que se refleja el destino de los hombres. No se puede decir que este dios nocturno sea malo, sólo que le gusta hacer maldades. Su nahual era la forma de un gigante decapitado al que llamaban “Hacha Nocturna” (Youaltepuztli) y que, de acuerdo a Motolinía y otros cronistas, entraba en la categoría de tlacatecolotl: un “hombre que anda de noche gimiendo o espantando, hombre nocturno espantoso”.

“Lo que los indios en su infidelidad tenían por demonio no era ninguno de estos [dioses] (aunque tan fieros y mal agestados que realmente lo eran), sino a un fantasma o cosa espantosa que a tiempos espantaba a algunos que [a] razón sería el mismo demonio: y a este fantasma lo llamaban ellos tlacatecolotl”, menciona Mendieta.

Tlacatecolotl significa literalmente búho-hombre. Es un mal nahualli, “es aquel que hace cosas a la gente [tetlachihuiani], hechiza, hacer tornar la vida de las personas, las engaña [o actúa como teixcuepani], embruja a la gente, le echa el mal de ojo [o actúa como texoxani], funge como búho-hombre [tlacatecolotl], se burla de la gente”, como apunta Martínez González.

“Cuando del búho-hombre detesta a alguien, cuando desea su muerte, hace escurrir su sangre sobre él. Y cuando desea que ciertos bienes desaparezcan porque le molestan y le desagradan, se sangra sobre ellos, los va a mirar fijamente, los toca con su mano […]. Lanza sortilegios a las personas. Puede hacer que desfallezcan y provocar la muerte. Esteriliza la tierra con oscuridad, y después anda pintando sobre las casas, o aún se sangra sobre aquel que cruza en el camino porque desea la muerte del dueño de la casa” cuentan los informantes de Sahagún.

Este personaje es un destructor de gente, un ser que provoca enfermedades, cuyo canto –porque es búho– anuncia todas las desgracias y que, además, se sangra sobre las cosas de las personas que odia, que envenena y hace “brujería”. Nada dice “te odio muy cabrón” como echarles sangre a las cosas de tus enemigos.

Un búho aparece como presagio de muerte en el Códice Florentino.

Nacidos para el mal

En resumen, los hombres búho son brujos de nacimiento y sólo viven para el mal.Aunque no se ha encontrado el motivo de tanta maldad, en la introducción al capítulo XI del Libro IV de la Historia General de las Cosas de la Nueva España, Sahagún escribe que “del séptimo signo llamado ce quiáhuitli, y de su desastrada fortuna; decían que los que en este signo nacían eran nigrománticos, brujos, hechiceros, embaidores”. Eran pues tlacatecotl, tecolotes humanos. Esto podría suponer que eran malvados solo porque les tocó ese papel en la amplia cosmogonía precolombina.

“De los pájaros nocturnos hay gran variedad; el que llaman bucos, porque así canta, es el mismo que llamamos mochelo en España, y en la Nueva España tecolote; no ve de día, y así no vuela, sino que descansa en los árboles altos; tiene notable olfato, y dicen los indios de él que siente el olor malo o de corrupción, y si llega a las casas donde hay algún enfermo que esté para espirar, allí se está voceando con melancólico acento. No es de extrañar, pues, que en la Nueva España existan arraigados algunos abusos y supersticiones por causa del cantar de este pájaro” escribió en 1754 Juan José Delgado.

Si el brujo podría convertirse en tecolote es natural que su canto advirtiera a los mexicanos que el mal estaba por arribar a sus vidas.

Esta figura de cerámica maya (Clásico Tardío) representa la fusión entre un hombre y su nahualli Tecolote.
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